martes, 19 de marzo de 2013

Guagancó de palabras al sol


Guagancó de palabras al sol

Capri, con olor a pasado, seudónimo hotel,
que trece años no es nada,
y para allá nos fuimos en nuestra luna de miel,
¡qué volá!, y yo retornaría gustoso otra vez.
La Habana, guapa, toda desde la ventana,
y en el Malecón dos sombras licuadas y un vaivén.
Un mulato joven te pide, ahí es nada,
bailotear con él, ¡mi amol! la saeta de Joan Manuel.
Ruina, cochambre, perro sarnoso, perfume a hiel,
ayer un son, tremendo culo salsero afro y miel,
las europeas babean tendidas sobre la arena
cuando por la orilla pasea sabroso el chico aquél.
Ron con melaza y langosta ¡es pura candela!
asere, ese precio no lo volverás a ver.
En el espigón pescador de famélica tez
desahogando está pesares y sueños mientras
se acuerda de la casta, vivos, muertos, de Fidel.
A Shangó en Cienfuegos se la sacude Isabel,
y desde un banco Afrodita me muestra su bollo,
y yo, ¡por Zeus! ¡qué coño! se sobreentiende, también.
Sudor húmedo y caliente recorriendo tu piel,
por Trinidad un rumor de palmas y timbales,
dos músicos tocan tendidos sobre la pared.
Cavernosa voz, ¿adónde me pretendes llevar?
Lourdes nos guía con sus largas uñas de mujer
araña risas, suspiros, nos invita a volver.
Arena blanca y una cabaña junto al Caribe,
simiente nívea y la luna plena nos viene a ver.
Orquídeas en la cama, de tus besos tengo sed.
Son límpidas estas aguas, todo lo dejan ver,
hasta la tángana callada que tiene empalmada
el mancebo mulato y la anciana y blanca mujer.
La malanga jugosa verdea junto a la pared,
y por la calzada cruzan cangrejos a tropel.
Un muchacho sonriente lleva descalzo sus pies,
adiós con melindres y tú desde la ventana
le lanzas doliente la gorra tan deseada a él.
Comida cubana y cansina trova entonada,
repetida mil veces para el Comandante Ché.
Un mercadillo, dos enseres, una llamada,
¡España! ¿tú quieres encontrar auténticas PPG?
vengan, no teman que yo les indico, síganme.
Diluvio tropical, tú, yo, desde la ventana
lo contemplamos, y al sentir tu cuerpo me entró sed.
Silencio, los chubascos callen y el viento también,
a lo lejos la voz profunda de Ibrahim Ferrer.
¿Será fresa y chocolate o de vainilla y nata?
Coppelia, dos helados, tremenda cola también.
¡Turistas, dólares, no esperen, caminen, pasen!
¡Qué Viva la Revolución, sí, anda qué bien!
Burlón, paladar, socavón, maricón, ¡oiga usted!
Me engañaste ¡so mamón! sin ofender ¡por favor!
Gracias a mí vieron lo que muy pocos pueden ver.
Cocodrilo, sabrosón, los tamarindos en flor,
trovador cubano, profesor, ¡tócala otra vez!
La Habana decrépita desde la ventana,
y en el Malecón dos sombras fundidas y un vaivén.
Vaya jodienda tú montaste barbudo Fidel,
¡maldito seas, malditos yanquis y los cobardes
que tienen a Cuba sumergida en condena cruel!
Pedro Juan con tu prosa fogosa, desbocada,  
insinuante, pródiga, me trasladaste otra vez
a esa Cuba por mí nunca jamás olvidada,
guagancó de palabras al sol, el placer de leer.


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