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lunes, 18 de julio de 2011

Muy cerquita de El Rocío

Carro tirado por mulas.

Una riada de potrillos,

castaños, blancos y negros. 


Rezagado, bien atado,

queda un potrillo mohíno.

Yo, corrí, los quise alcanzar,

mas no era mi sino,

aquella mañana,

poderlos saludar.


Tomaron por el camino,

que les marcaba el santuario 

de nacarado semblante. 

Me miró, la miré,

pero ella siguió adelante.


Más allá seguiré, 

donde me lleve el destino. 

Me miras y yo no te veo,  

mas no pienses que me olvido  

del trocito de corazón  

que se quedó en ese rincón,

seguro y bien escondido.


La cera en el suelo gotea.

Déjame, anda, que yo te vea,

lleva el ritmo de un latido

que a mi pecho zarandea.


Una vela se ha encendido,

la paz del mundo he pedido.


Pediré lo que tú quieras;

¿jamón, quisquillas o almejas?

Dímelo, niña, ¿qué deseas?  


Deseo tornar, alborada,

que mojen mis pies el rocío.

La bandada de flamencos

principia el rumbo al estío.

Un etéreo batir de alas.


En la taberna unas palmas,

una guitarra y un quejío.

Grito de dolor profundo

que me causa escalofrío.

Lloro de mi tierra patria

que aún continua herido.


Ni olvido ni olvidaré,

aurora velada y fresca,  

muy cerquita de El Rocío.

lunes, 11 de julio de 2011

El levante se las llevó

Abre tus ojos niña,

hoy yo te quiero narrar

lo que un pajarillo

a mí me vino a contar.


Tres granitos de arena

jugaban en la playa,

con la bajamar.

Soñaban, de mañana,

otra tierra visitar. 


Una ola, brava y fresca,

las vino a despertar.  

Al despertar ¡qué gresca!

atinaron a explicar

por qué aquella noche,  

sus cristalinas mentes,

igual hubieron de soñar.


Empezaron a platicar,

debatir y discutir,

y entre tanto discurrir

al fin lograron alcanzar

acuerdo con final feliz.


Hora era ya de cambiar,

otras orillas y arenas

anhelaban  saludar.


Despacio, a la arena seca,

se fueron a trasladar,

esperando que el levante

comenzara a resoplar.  

Y aventó y resopló,

y el levante se las llevó.


Unieron sus manitas,

cerraron sus ojitos,

y el levante sopló y sopló,

y los granitos de arena,  

mira niña ¡qué primor!,

a Doñana y sus arenas

el levante se las llevó.

lunes, 13 de junio de 2011

El potro alazán

Un potro alazán trota por la marisma,

es su trotar decidido y elegante.

Adelante, lleva su melena al viento.



Sale al encuentro de su madre, que pace,

serena, plácida, junto a la manada.

Se saludan, parecieran besarse.



Entrelazan sus testas, queriendo hablarse.

Puede que lo hagan, pero quedan muy lejos,

no logro distinguir todos los detalles.

Se acerca; hechura templada, asaz galante.



Es bravo el retoño, relincha, al galope,

jadea, frena, para tirar de su madre.

Al final lo consigue, y ella le sigue.

A la grupa, potro y yegua, se persiguen.



Regresan, se hocican y nos saludan,

melodía de campanillas acuosas

sobre la marisma, danzas equinas.

La madre y su potro, a la brisa, allá bailan,

¡No la olvides! ¡Esta imagen tan hermosa!



Yo quisiera, alazán, bailar con vosotros,

chapotear en las aguas cenagales,

bautizarme rocín, pasear estos lares,

crines al viento, creando tirabuzones.



Sopla una apacible brisa del suroeste.

No es, por suerte, la mañana calurosa.

La marisma luce sus mejores trajes. 



Espera recibir a los peregrinos,

por millares llegarán, de fe sedientos,

desde todos los puntos cardinales.



El potro nos mira, resopla, de frente,

espera y escucha, orgulloso y expectante,

aprieto el botón de la cámara ¡adelante!,

se acelera mi corazón, anhelante,  

disfrutando este momento inolvidable.

martes, 7 de junio de 2011

Venas de arenas

Venas de arenas transitan bifurcándose por los pinares. Árboles cuajados de flores están alfombrando las calles. Calles como marismas inundadas de muy antiguas tradiciones. A Hinojos nos llevó la búsqueda de nuestros antecesores. Un amable hospedero nos dedica los más gentiles parabienes. Por los caminos cantando los mirlos y ruiseñores y nosotros, caminando, llevamos alegres los corazones. Por la otra margen una carreta que va tirada por bueyes, y en la carreta una imagen cuajadita de oraciones. Una senda amueblada y un refugio para el avistamiento de aves y a pocos pasos de allí un mar de helechos tapizando los eriales. Huellas de reptiles, sierpes y lagartos, asoman entre los cañaverales. Arroyuelos de aromas irrigando mis fosas nasales; romeros, cantuesos y almoraduxes, por docenas y centenares. Una playa virgen violada por basuras y desperdicios a miles. Un océano verde por el camino que asciende y sobre el camino y el océano verde un cielo de nubes y azules. Como te prometí, Doñana, aquí estoy otra vez.